top of page
Buscar

Toma un día a la vez: la lección más grande que me dejó la diabetes tipo 1

  • 15 may
  • 2 min de lectura

Vivimos en un mundo que nos empuja constantemente a correr.

Correr para cumplir.


Correr para llegar.


Correr para demostrar que estamos haciendo suficiente como madres.

Y por mucho tiempo, yo también viví así.

Antes del diagnóstico de diabetes tipo 1 de mi hijo, nuestros días parecían una agenda interminable de actividades. Él apenas tenía 3 años y yo llenaba nuestro calendario con play dates, visitas al parque, actividades educativas y momentos diseñados para estimular su desarrollo físico, mental y emocional.

Quería hacerlo todo bien.

Como muchas mamás, estaba sumergida en redes sociales, comparando sin querer nuestro ritmo de vida con el de otras familias. Sentía la presión de cumplir con todo lo que “se supone” que un niño debe experimentar o alcanzar para crecer correctamente.

Sin darme cuenta, estaba convirtiendo la maternidad en una carrera.

Hasta que llegó el diagnóstico.

Y todo paró.

Recuerdo esos primeros días como si el tiempo hubiera perdido velocidad. De repente, las actividades dejaron de importar. Las reuniones, los horarios, las listas pendientes… todo quedó en segundo plano.

Ya no había una meta más importante que acompañar a mi hijo en medio de algo tan grande y tan difícil para él.

Fue una pausa obligada. Pero también fue una revelación.

Por primera vez en mucho tiempo me permití simplemente estar presente.

Abrazarlo sin afán.


Escucharlo sin pensar en la próxima tarea.


Sentarme con él sin estar mentalmente organizando la lonchera, el almuerzo o el siguiente compromiso del día.

Y fue ahí cuando entendí algo que cambió mi vida:

La maternidad no se trata solamente de cumplir. Tambien se trata de disfrutar.

La diabetes tipo 1 nos ha traído desafíos enormes, días difíciles y momentos de mucho miedo. Pero también nos regaló una enseñanza profundamente valiosa: tomar un día a la vez.

Porque cuando vives una condición tan impredecible, entiendes rápidamente que no puedes controlarlo todo. Y que pensar demasiado en el mañana puede robarte la paz del presente.

Así empezamos a vivir diferente.

Un día para aprender.


Un día para adaptarnos.


Un día para equivocarnos y volver a empezar.


Un día para celebrar pequeños logros.


Un día para descansar.


Un día para simplemente respirar.

Con el tiempo comprendí que la vida no está hecha solo de grandes metas, sino también de pequeños momentos que muchas veces dejamos pasar por vivir acelerados.

Hoy todavía tengo responsabilidades, horarios y días caóticos. Pero ya no quiero vivir atrapada en la idea de que siempre debo hacer más para ser una buena mamá.

Ahora quiero vivir más consciente.


Más presente.


Más conectada con el hoy.

Y si hoy tú también sientes que tu vida está llena de pendientes, exigencias y presión constante… quiero invitarte a hacer una pausa.

Respira.

Mira a tus hijos.


Mírate a ti misma.


Y recuerda que no estamos en una competencia.

La vida también sucede en los momentos simples:


en un abrazo largo, en una conversación tranquila, en una tarde sin afán.

Quizás no podemos controlar todo lo que traerá mañana, pero sí podemos abrazar profundamente el regalo que es hoy.


Toma un día a la vez.

 
 
 

Comentarios


¿Tienes alguna pregunta o comentario? Contáctanos. Nos encantaría saber de ti.

© 2025 Pablo's Pack. All rights reserved.

bottom of page