Caminando hacia la cura
- Andrea Salazar
- hace 11 horas
- 2 Min. de lectura
Cinco Años de Fortaleza: El Camino de una Madre de Fuerza, Propósito y Esperanza
Hace cinco años, mi vida —y la de mi hijo— cambió para siempre. El día en que la diabetes tipo 1 entró en nuestro mundo, no solo me convertí en una mamá de un niño con diabetes; me convertí en protectora, defensora y estudiante de por vida del valor. Estos últimos cinco años no solo han medido el tiempo viviendo con DT1, sino también el crecimiento, la resiliencia y una fortaleza que nunca supe que tenía hasta que más la necesité.
Lo que comenzó como un diagnóstico se transformó rápidamente en una misión. Una misión de vivir con valentía, amar con intensidad y abogar incansablemente —no solo por mi hijo, sino por cada familia que aprende a navegar la vida con diabetes tipo 1. Este camino ha estado lleno de desafíos, pero también de propósito.
Uno de los momentos más decisivos de este recorrido fue ser recibidos en el mundo de Breakthrough T1D, una comunidad que le dio dirección y esperanza a nuestra lucha. Esa puerta fue abierta por Jean Bobin, alguien que no solo es una amiga increíble, sino también una mentora y una persona a quien admiro profundamente. Jean no solo nos presentó a una organización; nos mostró cómo se ven realmente el liderazgo, la compasión y el compromiso con esta causa. Gracias a su guía y ejemplo, mi labor como defensora encontró su voz.
Nunca he caminado sola este camino. A mi lado ha estado mi increíble sistema de apoyo —mi manada. Las personas que están presentes en los días más difíciles, que celebran las victorias grandes y pequeñas, y que ayudan a cargar el peso cuando se siente demasiado pesado. Juntos, hemos enfrentado los altibajos de esta enfermedad con valentía, determinación y esperanza.
Lo que antes se sentía abrumador se ha transformado poco a poco en propósito. El miedo se convirtió en impulso. El dolor se transformó en poder. Cada desafío fortaleció mi determinación, y cada paso hacia adelante reafirmó por qué esta lucha importa tan profundamente —no solo para mi hijo, sino para el futuro.
Esta no es solo nuestra historia. Es una celebración de la fuerza infinita, de la comunidad y del acompañamiento. Y es una promesa: seguir caminando, seguir defendiendo y seguir creyendo.
Hasta el día en que encontremos una cura, caminamos juntos.











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