Monserrate con niños y diabetes tipo 1: una aventura a más de 3.000 metros
Una aventura familiar en Bogotá, Colombia, entre montañas, vistas increíbles, una hipoglucemia inesperada… ¡y una llama!
Viajar con un niño con diabetes tipo 1 (T1D) significa aprender a disfrutar de cada aventura mientras llevamos una pequeña dosis de planificación extra en la mochila.
Porque sí: podemos viajar, explorar, subir montañas, conocer lugares nuevos y crear recuerdos increíbles.
Pero también sabemos que, con T1D, el plan puede cambiar en cualquier momento.
Eso fue exactamente lo que nos pasó durante nuestra visita al Cerro de Monserrate en Bogotá.
¿Qué es el Cerro de Monserrate?
El Cerro de Monserrate es uno de los lugares más emblemáticos de Bogotá. Se encuentra a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y es famoso por el Santuario del Señor Caído de Monserrate, además de sus impresionantes vistas panorámicas de la capital colombiana.
Para quienes visitan Bogotá, Monserrate es prácticamente una parada obligatoria.
Y estando de visita en Colombia, nosotros no podíamos dejar pasar la oportunidad.
Así que nos pusimos los tenis, agarramos las chaquetas, preparamos nuestra mochila y, por supuesto, empacamos la inseparable maleta de T1D.
Porque una excursión familiar puede necesitar:
Agua
Chaqueta
Zapatos cómodos
Snacks
Glucosa para tratar una hipoglucemia
Suministros para la diabetes tipo 1
Y una mamá páncreas lista para cualquier cosa
¿Cómo subir al Cerro de Monserrate?
Existen tres maneras principales de llegar a Monserrate:
1. Caminando: para quienes quieren hacer el recorrido por el sendero y están preparados físicamente para el ascenso.
2. Funicular: un pequeño tren que sube por la montaña.
3. Teleférico: una alternativa panorámica que permite disfrutar de las vistas durante el ascenso.
El día que nosotros visitamos Monserrate, nuestras opciones eran caminar o utilizar el funicular.
Y, teniendo en cuenta que íbamos con un niño y además llevábamos todos nuestros suministros de diabetes tipo 1…
¡Nos fuimos por el funicular!
Un viaje lento hacia la montaña
Subir en funicular fue parte de la aventura.
El recorrido es lento y permite mirar por las ventanas mientras el tren atraviesa la montaña. El bosque aparece a nuestro alrededor y poco a poco Bogotá comienza a verse desde otra perspectiva.
Es uno de esos momentos en los que uno deja de mirar el celular y simplemente piensa:
“Wow… qué hermoso es esto.”
Pero el funicular no nos llevó directamente hasta el punto más alto.
Desde la estación todavía había que continuar caminando y subir varios escalones.
Así que seguimos.
Paso a paso.
Hasta que finalmente llegamos arriba.
Y entonces apareció la diabetes tipo 1
La vista desde la cima era espectacular.
Pero mientras disfrutábamos del paisaje, comenzaron a cambiar los números de glucosa de Pablo.
Su glucosa estaba bajando.
Primero pensamos que un snack sería suficiente.
Nos detuvimos.
Comimos.
Esperamos.
Pero los niveles continuaron descendiendo.
Entonces llegó ese momento que cualquier mamá o papá de un niño con diabetes tipo 1 conoce demasiado bien:
la flecha comenzó a bajar rápidamente.
Como mamá páncreas, mi atención pasó inmediatamente de la vista de Bogotá a la pantalla del sensor.
La montaña seguía allí.
La ciudad seguía allí.
Los turistas seguían disfrutando.
Pero para nosotros, en ese instante, lo más importante era una sola cosa:
Pablo.
Cuando un snack no es suficiente
Tratamos la baja y continuamos observando sus niveles de glucosa.
Pero seguían bajando.
Y ahí es donde vivir con T1D te enseña una de las lecciones más importantes:
no siempre puedes controlar lo que sucede, pero sí puedes estar preparado para responder.
Habíamos llevado glucosa y snacks precisamente para situaciones como esta.
Sin embargo, esta vez necesitábamos hacer algo más.
Decidimos comenzar a bajar nuevamente hacia la estación del funicular.
Cuando viajar con T1D significa pedir ayuda
Al llegar a la estación nos encontramos con una fila bastante larga.
En cualquier otro momento probablemente hubiéramos esperado tranquilamente.
Pero la glucosa de Pablo continuaba bajando y él ya comenzaba a sentir los efectos de la hipoglucemia.
Estaba:
Débil
Pálido
Sudoroso
Y comenzaba a sentirse diferente.
En ese momento entendí que no era hora de esperar.
Era hora de pedir ayuda.
En la estación había personal médico. Nos acercamos y explicamos la situación.
Ellos entendieron lo que estaba sucediendo y nos ayudaron a tener prioridad para tomar el siguiente funicular.
Y eso hizo toda la diferencia.
No tuvimos que esperar en aquella fila que, en ese momento, parecía interminable.
Simplemente pedimos ayuda.
Y la recibimos.
Finalmente, Pablo comenzó a recuperarse
Cuando llegamos abajo, poco a poco comenzaron a mejorar sus niveles de glucosa.
Y también empezó a regresar su energía.
Como decimos las mamás:
“¡Ya está cogiendo color!”
Ese momento fue un enorme alivio.
Porque cuando tienes un hijo con diabetes tipo 1, sabes que una hipoglucemia puede ser mucho más que un número en una pantalla.
Puedes ver cómo afecta a tu hijo físicamente.
Y cuando empiezas a verlo recuperarse, respiras.
Otra vez.
Porque después de una baja… ¡vino la llama!
Y aquí viene una de mis partes favoritas de la historia.
Después de todo el susto…
¡seguimos con nuestro paseo!
Porque la diabetes tipo 1 puede cambiar nuestros planes.
Puede obligarnos a hacer una pausa.
Puede hacer que tengamos que modificar una excursión.
Pero no queremos que T1D sea la razón por la que dejemos de vivir experiencias.
Y si en nuestra aventura había una oportunidad de tomarnos una foto con una llama…
¡POR SUPUESTO que teníamos que hacerlo!
Porque así es la vida con T1D:
Puedes pasar de revisar una flecha descendente a tomarte una foto con una llama en cuestión de minutos.
Qué aprendí sobre viajar con diabetes tipo 1
Nuestra aventura en Monserrate me recordó que viajar con un niño con diabetes tipo 1 es totalmente posible, pero requiere preparación y flexibilidad.
Algunas cosas que siempre considero antes de una excursión son:
1. Llevar más suministros de los que crees necesitar
Snacks, glucosa y suministros adicionales pueden ser especialmente importantes cuando estás lejos de casa.
2. Conocer el lugar al que vas
Antes de una excursión, me gusta saber dónde están las estaciones, salidas, servicios médicos y lugares donde podemos pedir ayuda.
3. Observar al niño, no solamente el número
El sensor nos proporciona información importantísima, pero también debemos prestar atención a cómo se siente nuestro hijo.
4. Tener un plan… y estar dispuesto a cambiarlo
Nuestro plan era disfrutar Monserrate.
Y lo hicimos.
Pero cuando la situación cambió, nosotros también cambiamos el plan.
5. No tener miedo de pedir ayuda
Esta probablemente sea una de las lecciones más importantes.
Pedir ayuda no significa que hayas fallado.
Significa que reconociste una situación y actuaste.
¿Recomiendo visitar Monserrate con niños?
¡Definitivamente!
Monserrate es una experiencia increíble para una familia que visita Bogotá.
La montaña, el bosque, el funicular, las vistas de la ciudad y la sensación de estar tan cerca del cielo hacen que sea una experiencia muy especial.
Eso sí, si vas con niños —y especialmente si tu hijo vive con diabetes tipo 1— recuerda prepararte para las condiciones del lugar y para cualquier cambio inesperado.
Porque las aventuras no siempre salen como las imaginamos.
Y eso está bien.
A veces una aventura perfecta no es aquella en la que todo sale perfecto.
Es aquella en la que sabemos adaptarnos, mantener la calma, pedir ayuda cuando la necesitamos y continuar creando recuerdos.
Una montaña, una baja y una llama
Nuestra aventura en Monserrate comenzó buscando estar un poquito más cerca de las estrellas.
Terminó enseñándome, una vez más, lo que significa ser mamá páncreas.
Estar preparada.
Observar.
Actuar.
Pedir ayuda.
Y, sobre todo, no perder la calma cuando las cosas cambian inesperadamente.
Porque después de cinco años viviendo con diabetes tipo 1, hay algo que tengo cada vez más claro:
No podemos controlar todo lo que T1D nos va a presentar.
Pero podemos aprender a enfrentar cada situación.
Un día a la vez.
Una aventura a la vez.
Y, cuando sea posible…
con una llama incluida.



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